Mientras México y América Latina observan con alarma las redadas del ICE bajo la administración Trump, la Unión Europea avanza silenciosamente en la construcción de su propio aparato de deportación masiva. El pasado 9 de marzo, el Parlamento Europeo aprobó el llamado Reglamento de Retorno, una norma que autoriza a la policía a entrar en domicilios privados sin orden judicial, usar reconocimiento facial sobre personas migrantes, deportarlas a países con los que no tienen ningún vínculo, y mantenerlas detenidas hasta dos años si muestran resistencia. Todo ello amparado por un doble estándar legal explícito: lo que está prohibido aplicar sobre ciudadanos europeos, se permite aplicar sobre quienes migran.

Youssef M. Ouled es investigador de AlgoRace, una organización antirracista especializada en el cruce entre tecnología, vigilancia y racismo estructural. Ha sido una de las voces más activas en la denuncia de este reglamento desde antes de su votación. Platiqué con él para entender lo que está en juego.

Lo que hace este reglamento es institucionalizar lo que ya era una práctica: detener a personas no blancas porque son sospechosas de estar en situación irregular.
— Youssef M. Ouled

"No es el inicio de algo: es la institucionalización de lo que ya existe"

El Reglamento de Retorno es una norma de aplicación directa en todos los estados miembros de la UE. No requiere transposición nacional: una vez aprobado definitivamente, obliga. En México, donde la relación con la migración se vive desde el lugar del país expulsor, receptor y de tránsito a la vez, este tipo de arquitectura legal importa: define las condiciones en las que millones de latinoamericanos viven en Europa, y establece precedentes sobre cómo los estados democráticos pueden tratar legalmente a las personas migrantes.

En marzo, el Parlamento Europeo aprobó el Reglamento de Retorno. Para quien lo escucha por primera vez: ¿qué significa esta ley y por qué es un punto de inflexión?

Sería un error presentar este reglamento como el inicio de algo. Estoy escuchando esa narrativa, especialmente en formaciones de izquierda, que señala que con esta ley comienza una caza del migrante. No es así.

El Reglamento de Retorno es una norma de aplicación directa: una vez aprobada definitivamente, todos los estados miembros estarán obligados a aplicarla. Lo que hace es institucionalizar lo que ya era una práctica. Pivota sobre dos ejes: primero, la caza de personas en situación administrativa irregular —y digo "caza" de forma intencionada, porque de eso se trata—; segundo, la deportación y expulsión hacia países fuera de la Unión Europea.

Los controles por perfilamiento racial ya son una cotidianidad documentada. Naciones Unidas ya calificó esta práctica como endémica en España en 2018. Desde organizaciones como Rights International Spain la hemos investigado y documentado en todas las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado: la policía para y cachea a personas no blancas por el simple hecho de no serlo, no porque haya indicios de que hayan cometido algo ilegal.

Tampoco es el inicio de las deportaciones. Con la aparición de las leyes de extranjería a finales del siglo pasado y la apertura de los Centros de Internamiento de Extranjeros, la expulsión ya era el objetivo. Lo que cambia ahora es que se podrá deportar a personas a países fuera de la UE con los que ni siquiera tienen vinculación, algo que ya venía sucediendo con expulsiones a Mauritania o Marruecos de personas que ni siquiera son de allí, pero que ahora se convierte en norma generalizada con soporte legal.

Lo que hace este reglamento es estandarizar, institucionalizar y dar amparo jurídico a una práctica que ya existía: detener a personas no blancas porque son sospechosas de estar en situación irregular. Es, en la práctica, una política eugenésica racial.

"Lo llamamos ICE europeo porque era la única forma de que alguien nos escuchara"

La comparación con el ICE es estratégica. El gobierno mexicano ha denunciado públicamente las deportaciones de connacionales desde Estados Unidos en condiciones inhumanas: en aviones militares, esposados, sin notificación consular. Lo que Ouled describe en Europa sigue las mismas lógicas: la criminalización administrativa de la condición migratoria, la subcontratación de la violencia a terceros países, y el uso de tecnología de vigilancia para sostener ese sistema. La diferencia es que en Europa esto se presenta con lenguaje tecnocrático y marcos legales que lo hacen aparecer como ordenado y democrático.

Se ha usado explícitamente la comparación con el ICE de Estados Unidos. ¿En qué se parecen estos mecanismos europeos a los de la administración Trump y en qué se diferencian?

Desde las organizaciones llevábamos meses hablando del debate sobre el Reglamento de Retorno y nadie nos hacía caso. Los medios no mostraban interés y la clase política tampoco. Lo que sí observábamos era que tanto medios como partidos de todos los colores, especialmente de izquierda y centro, sí hablaban del ICE en Estados Unidos. Nos parecía una hipocresía brutal: mientras se criticaban las prácticas del ICE, algunos diputados socialdemócratas del Parlamento Europeo estaban legitimando que esas mismas prácticas se estandarizaran en la UE. Y los partidos que no las legitimaban simplemente callaban. ¿A cuántos habéis escuchado hablar de este reglamento en televisión hasta hace dos días? A nadie.

Necesitábamos esa comparativa también porque en este país, cuando se habla de racismo policial, la gente solo piensa en Estados Unidos. No conciben que sea una práctica que se da aquí, que la documentamos y denunciamos a diario.

En cuanto al fondo, el parecido es real. El reglamento permite entrar en domicilios de personas sospechosas de irregularidad, en espacios humanitarios y ONGs que trabajan con migrantes, en cualquier lugar donde se sospeche que puede haber personas en situación irregular. Permite deportaciones a países fuera de la UE aunque esos países no tengan ninguna relación con la persona deportada, como hace el ICE deportando personas a El Salvador. E incluye también la posibilidad de enviar a esos países terceros a familias enteras, incluidos menores.

Hay sistemas de inteligencia artificial que no se pueden usar sobre población europea porque representan un riesgo elevado para los derechos fundamentales. Y en el mismo texto dice que sí se podrán usar en el control migratorio.
— Youssef M. Ouled

"Los derechos humanos en la UE son una patraña: lo que se prohíbe para europeos, se permite para migrantes"

El doble estándar legal que describe Youssef —coautor del libro Vivir contra el racismo. Pogromos y violencia racial en España— no es una metáfora: está escrito en el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial, aprobado en 2024. Ese texto prohíbe ciertos usos de IA sobre ciudadanos europeos por considerarlos de "riesgo elevado" para los derechos fundamentales, y en el mismo articulado los autoriza para el control migratorio. Esta misma lógica opera en las fronteras mexicanas, donde tecnología de vigilancia y biométrica está desplegada sobre poblaciones que el Estado no reconoce como sujetos plenos de derechos.

La ley autoriza a la policía a entrar en domicilios privados sin orden judicial para buscar personas en situación irregular. ¿Cómo es posible que esto sea legal en un sistema que se define como democrático y garante de derechos fundamentales?

Lo de los derechos humanos en la Unión Europea es una patraña.

El Reglamento de Retorno da respuesta a una necesidad que ya planteaba el Pacto Europeo de Migraciones y Asilo: ese marco legal vacía prácticamente de contenido el derecho al asilo, reduce al mínimo la capacidad de las personas para pedirlo y amplía al máximo la capacidad de los estados para negarlo. El reglamento de retorno es su brazo ejecutor.

A esto hay que sumar el Reglamento de Inteligencia Artificial, que conecta directamente con toda esta arquitectura. Ese reglamento establece que hay sistemas de IA que no se pueden usar sobre población europea porque representan un riesgo elevado para los derechos y libertades fundamentales. Y en el mismo texto dice que sí se podrán usar en el control migratorio y en la lucha antiterrorista, vinculando de nuevo migración con criminalidad. Ahí está el doble estándar: los derechos valen para las personas europeas, no para las migrantes.

Todo el derecho está pensado desde una óptica racial: quién defiende Europa y de quién se le defiende. Esa es la narrativa imperante ahora mismo, pero no es solo la narrativa de la ultraderecha: es la lógica de constitución de la propia Unión Europea. Los CIEs y las redadas ya existían antes de que la ultraderecha llegara al poder. Con esos antecedentes, no puede sorprendernos que ahora se permita legalizar todo esto.

"La perfilación racial es el eje central, no una consecuencia secundaria"

En México, la perfilación racial opera de manera paralela: personas indígenas, afromexicanas o migrantes centroamericanas en tránsito son sometidas a controles que sus contrapartes blancas o de piel más clara no enfrentan de la misma manera. El Instituto Nacional de Migración ha sido documentado ejerciendo controles selectivos en función de rasgos físicos. Lo que Ouled describe en Europa no es ajeno a la realidad mexicana.

El reglamento amplía las facultades policiales para hacer controles usando la raza como criterio de sospecha. ¿Por qué es importante nombrar el perfilamiento racial sin eufemismos?

La perfilación racial ocurre cuando alguien lee tu cuerpo de manera racial y establece un prejuicio o unas consecuencias sobre tu persona en base a eso. Aquí hablamos específicamente de perfilación policial, que es la más violenta, directa y visible, aunque se produce también a muchos otros niveles.

La policía puede identificar a una persona en supuestos legítimos: cuando hay indicios de que ha cometido o va a cometer un delito. Existen también identificaciones llamadas "aleatorias". Lo que sucede en la práctica es que esas identificaciones no son aleatorias: la policía actúa en base al criterio racial. Las personas racializadas como no blancas son detenidas, registradas e identificadas no por algún indicio específico, sino por sus características fenotípicas. Son ellas quienes tienen que demostrar su inocencia.

La jurisprudencia es clara: si el criterio racial es el que determina una identificación, esa identificación es racista y es ilegal. Pero en este reglamento, la perfilación racial no es una consecuencia secundaria: es el eje central, porque de lo que se trata es de localizar personas cuya sospecha de irregularidad se basa exclusivamente en su apariencia.

"Europa subcontrata la violencia a países que sabe perfectamente lo que hacen"

Los países señalados como destino de estos centros —Mauritania, Marruecos, Túnez, Libia— son los mismos que la UE financia desde hace años para contener la migración antes de que llegue a sus fronteras. La masacre de Melilla en junio de 2022, en la que al menos 23 personas murieron aplastadas o ahogadas mientras intentaban cruzar la valla, ocurrió bajo ese régimen de subcontratación. Para México, que ha vivido su propia versión de esta lógica con los acuerdos migratorios firmados bajo presión de Estados Unidos, el mecanismo es reconocible.

La ley consolida centros de detención en países terceros como Libia, Marruecos o Túnez. ¿Qué condiciones enfrentan las personas allí y qué responsabilidad tiene la UE cuando algo ocurre en esos lugares?

Italia ya propuso hace aproximadamente un año deportar personas a Albania, un país fuera de la UE. La propia Unión Europea dijo que aquello era una barbaridad. Ahora hace suya esa postura y la defiende. El discurso siempre va cambiando, y siempre en detrimento de los derechos de las personas migrantes.

El Pacto Europeo de Migraciones y Asilo ya establecía que estos espacios se regularán fundamentalmente a través de tecnología: videovigilancia permanente y recogida constante de datos biométricos de quienes estén allí alojados. Prácticas que, de nuevo, no se permiten sobre población europea.

Todos sabemos lo que sucede en países como Marruecos, Mauritania o Túnez, a los que Europa contrata con dinero público para que hagan el trabajo sucio: deportaciones al desierto, maltrato en centros de detención. Y la Unión Europea se lava las manos subcontratando estos servicios a países de los que sabe perfectamente lo que hacen.

La Comisión Europea propuso un primer texto y el PPE lo tomó para devolver una versión aún más racista y aún más vulneradora de derechos. Ese texto endurecido es el que se aprobó.
— Youssef M. Ouled

"El PPE tomó el texto de la Comisión y lo devolvió aún más racista"

La alianza entre el Partido Popular Europeo y la ultraderecha para endurecer este reglamento no es un hecho aislado: es la consolidación de una tendencia que viene desde al menos 2022. En México y América Latina se sigue con atención el giro a la derecha en Europa principalmente a través del caso español —Vox y la coalición PP-Vox en comunidades autónomas— pero el fenómeno es más profundo y más institucionalizado de lo que la cobertura regional suele mostrar.

Para aprobar el texto más duro, el Partido Popular Europeo votó junto con los grupos de extrema derecha. ¿Qué nos dice esa alianza sobre el estado actual de la política europea?

El reglamento salió adelante gracias a los votos del Partido Popular Europeo y de la ultraderecha, con la abstención de determinados integrantes de la socialdemocracia europea. Es importante entender la secuencia: la Comisión Europea propuso un primer texto y el PPE lo tomó para devolver una versión aún más racista y más vulneradora de derechos. Ese texto endurecido es el que se aprobó.

La socialdemocracia tiene aquí una responsabilidad que no se puede soslayar. No solo se abstuvo: tampoco hizo una oposición frontal durante el proceso. Y esto no es ajeno a su trayectoria. El Pacto Europeo de Migraciones y Asilo se aprobó bajo la presidencia española de la Unión Europea, y el Partido Socialista Europeo se vanaglorió de ese resultado.

La izquierda sí votó en contra. Pero el problema estructural es que la socialdemocracia no ha hecho su trabajo.

Nota de la entrevistadora

Tras la votación del 26 de marzo en el Parlamento Europeo, el proceso entra en la fase de trílogos: el Parlamento, el Consejo —los estados miembros— y la Comisión Europea negocian un texto final. Esta fase puede durar meses, aunque en este caso podría ser más rápida de lo habitual porque el Consejo y la Comisión han mostrado sintonía favorable con el reglamento.

Hay, sin embargo, puntos de resistencia. España ha manifestado "preocupación" sobre el plan de deportación y se ha opuesto públicamente a los centros de retorno. Francia ha planteado dudas jurídicas: los centros fuera de la UE podrían contradecir su Constitución, lo que puede representar un escollo real. Alemania, cuyo gobierno del CDU declaró que no colaboraría con la ultraderecha alemana, está ahora negociando con ella en este reglamento. Habrá que ver si cumple su palabra.

Si estás enfermo, no vas al hospital. Si tu familia está en situación irregular, a lo mejor no llevas a tus hijos al colegio. Todas esas acciones cotidianas que son derechos básicos quedan en entredicho.
— Youssef M. Ouled

"Una ordenación del territorio: quién tiene derecho a existir en este espacio"

En México, el miedo a acceder a servicios de salud o educación por temor a represalias migratorias es una realidad que viven cientos de miles de centroamericanos en tránsito o en situación irregular, de acuerdo a reportes publicados desde hace años. El disciplinamiento social a través del miedo que Ouled describe en Europa es la misma mecánica.

Organizaciones advierten que estas medidas generan miedo a ir al hospital, a llevar a los hijos al colegio. ¿Cómo cambia la vida cotidiana de una persona migrante con esta ley vigente?

La perfilación racial ya genera ese miedo antes de que el reglamento entre en vigor. Una identificación policial es un mensaje a todos los hombres racializados de este país: no tenemos la libertad de caminar por la calle como el resto, es una forma de disciplinamiento social. Siempre somos sospechosos, siempre estamos controlados.

Lo que hace este reglamento es incrementar ese disciplinamiento. Genera la sensación de que puedes ser expulsado en cualquier momento, en cualquier lugar. Si estás enfermo, no vas al hospital. Si tu familia está en situación irregular, a lo mejor no llevas a tus hijos al colegio. Todas esas acciones cotidianas que son derechos básicos quedan en entredicho porque existe un amparo legal que permite identificarte, cachearte, mandarte a un centro de detención y deportarte fuera de la Unión Europea.

Algunos académicos racializados hablan de política eugenésica. En la práctica es eso: una ordenación del territorio, una ordenación de la sociedad.

"España no es tan diferente al resto de Europa en materia racial: simplemente no lo reconoce"

De acuerdo a datos de La Moncloa, en España viven 4.2 millones de personas nacidas en algún país latinoamericano. En el conjunto de la UE, la cifra supera los dos millones. Las comunidades migrantes vivirán las consecuencias de este reglamento, no solo quienes están en situación irregular, sino también quienes, teniendo sus papeles en orden, serán detenidos y obligados a demostrar su inocencia en función de su apariencia.

Mientras el Reglamento de Retorno avanza en Bruselas, el gobierno de Pedro Sánchez acaba de abrir en España un proceso de regularización extraordinaria para personas migrantes que residan en el país desde antes del 1 de enero de 2026. Se estima que más de medio millón de personas podrían beneficiarse. Entre ellas, muchas latinoamericanas que llevan años trabajando en la economía informal, sin acceso pleno a derechos.

La respuesta del Partido Popular ha sido lanzar una ofensiva en varios frentes: mociones en ayuntamientos pidiendo la paralización del proceso, recursos legales, y una campaña de desinformación documentada por medios de verificación. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, afirmó que la medida regularizaría personas con antecedentes penales, una afirmación que contradice directamente los requisitos básicos del decreto, que exige la ausencia de antecedentes penales en España y en el país de origen. El mismo partido que en Europa trabaja junto a la ultraderecha para endurecer el Reglamento de Retorno, en España bloquea institucionalmente el único mecanismo que existe para que personas ya integradas en el tejido social y laboral del país puedan hacerlo con derechos.

Una parte importante de las personas migrantes en situación irregular en Europa son latinoamericanas. ¿Qué le dirías a la sociedad civil y a los gobiernos de la región sobre lo que está ocurriendo aquí?

Lo primero que hay que saber es que España no es un estado tan diferente al resto de la Unión Europea en materia de política racial, a pesar de la imagen que a veces proyecta. El racismo es un sistema que estructura las sociedades, es decir, no son solo ideas y prejuicios individuales, está institucionalizado y condiciona todos los ámbitos de la vida.

Lo vemos en los trámites burocráticos: las personas ucranianas que huyeron de la guerra accedieron a su documentación en días. Muchas personas migrantes regularizadas llevan meses esperando una cita para empadronarse, y en algunos casos tienen que comprarlas porque el sistema colapsa. Sin empadronamiento, el acceso al sistema sanitario y educativo queda bloqueado.

El racismo es un sistema porque son las personas migrantes quienes realizan los trabajos más precarios y con menos protección laboral. Es un sistema porque la policía para, cachea y detiene, y también, mata. Selim Traoré, Haitam Mejri, Abdelrahman Koch, Jenny Barroul, Jilin. Personas racializadas muertas a manos de la policía, solo en los últimos meses. Y es un sistema que condiciona el acceso a la vivienda, al trabajo, y deja a las personas en una situación de vulnerabilidad estructural.

El problema de fondo en España es que no se reconoce. Cuando se quiere hablar de racismo, se mira a Estados Unidos o a otros países. No se reconoce que España fue una potencia colonial e imperial, y que todavía se relaciona con su ciudadanía no blanca a través de un racismo absolutamente institucionalizado.

¿Qué podemos hacer?

01
Difundir

Existe un bloqueo mediático real. Contemos lo que supone este reglamento y lo que está en juego antes de que se apruebe definitivamente, no después.

02
Interpelar

Los datos de contacto de los europarlamentarios son públicos. Tenemos el derecho de exigirles una posición ante el texto que viene de los trílogos.

03
Movilizarnos

La red @WeKeep_UsSafe lleva meses haciendo pedagogía, denuncia y recogiendo firmas contra este ICE europeo. La coalición ProtectNotSurveil agrupa a organizaciones en toda la UE que luchan contra esta política.

Youssef M. Ouled Investigador en AlgoRace, organización antirracista especializada en el cruce entre tecnología, inteligencia artificial y racismo estructural. Coautor de Vivir contra el racismo. Pogromos y violencia racial en España. Miembro de Rights International Spain y activista en la red ProtectNotSurveil.

La Cadera de Eva · Periodismo feminista · 2026